El video: nuevos usos y alcances educativos en la era de la Web 2.0 (Parte I)

Actualmente, los cambios en el mundo se van sucediendo de manera tan rápida que se hace indispensable manejar instrumentos y herramientas que permitan a la sociedad estar presentes y ser parte de cada uno de ellos. De ahí que el uso de las tecnologías se haya convertido en un quehacer habitual, puesto que ha facilitado la conectividad entre las personas y los avances y acontecimientos que marcan la cotidianeidad. Por lo mismo, últimamente se ha propugnado con mayor fuerza que este tipo de herramientas son necesarias dentro del aula, al servicio de profesores y alumnos. Así, y como consecuencia de este llamado, los computadores se hacen indispensables para el normal funcionamiento de una unidad educativa. De hecho, en nuestros días se han transformado en la herramienta tecnológica principal dentro de un colegio, puesto que es un aparato eficiente que permite una multiplicidad de usos y acciones, de bajo costo y de uso masivo. Sin embargo, esta tecnología es relativamente nueva, siendo el video y la televisión las primeras herramientas insertas en el mundo pedagógico. Ante esto, cabe preguntarse si la preponderancia del computador ha dejado obsoleto la utilización de lo audiovisual, además de si es importante trabajar y aprender con el video en la sala de clases. Al respecto, debemos señalar que “el hombre siempre ha tenido miedo al cambio” (Ferrés, 1994: 21), de ahí que ahora algunos profesores sientan temor ante la irrupción de innovaciones tecnológicas que ofrecen una mezcla de imagen, sonido y texto, puesto que erróneamente ven a los medios audiovisuales como herramientas incapaces de suplir los textos o las clases, sin comprender que este tipo de tecnologías no intentan sustituir la labor del profesor en el aula, sino complementar los contenidos e inyectar un aspecto motivacional extra. “El miedo al cambio y la obsesión por el pasado han llevado a la escuela a la inadaptación: «Hasta estos últimos años la enseñanza ha reposado por entero en el uso de la palabra por parte del profesor. […]» (J. Hassenforder, 1972)” (Ferrés, 1994: 22).

 

Nuestra sociedad es conocida como la sociedad de la información y ésta tiene muchas formas de expresión (textos, prensa, televisión, radio, Internet, etc.). Cuando la televisión se masificó y se convirtió en un producto de consumo, comenzamos a vivir en un mundo en el cual la cultura, las costumbres, los gustos, las necesidades… se difundían a través del lenguaje audiovisual. Actualmente, este tipo de lenguaje (mezcla de imagen, sonido y texto) se ha convertido en la base de la comunicación, de ahí que para los jóvenes y niños sea tan natural como comer. Debemos tener en cuenta que los estudiantes actuales nacieron cuando la televisión ya estaba funcionando en plenitud; de ahí que no podamos dejar la educación al margen de este medio tecnológico; por el contrario, es necesario enseñarles a comprender el lenguaje televisivo para que adopten una posición crítica frente a los mensajes que entrega este medio de comunicación; se les debe preparar para insertarse, reflexionar y criticar el mundo. Se necesita que los alumnos de ahora estructuren una actitud frontal ante la televisión, para que sean capaces de mantener una postura frente al bombardeo de mensajes que se intenta masificar diariamente. Pero, ¿cómo educarlos eficazmente cuando hay una negativa ante los cambios a los que se enfrenta la sociedad y el mundo de hoy? ¿Cómo serán capaces estos jóvenes de criticar, negar o aceptar la actualidad si no se les enseña a decodificar el mismo lenguaje con el que se expresan? Estas son algunas interrogantes que fundamentan la necesidad de incluir la televisión y el video en el aula.

 

No podemos negar que los medios de comunicación no sólo han cambiado nuestro entorno, sino que también han cambiado nuestra manera de percibir el mundo y nuestras relaciones. Ya no nos conformamos con mantenernos pasivos frente a la jungla de información que estamos recibiendo constantemente, debido -en gran medida- a las nuevas tecnologías que han producido alteraciones en nuestras formas de pensamiento y de expresión. Es evidente la diferencia entre leer un texto escrito y contemplar una imagen; la primera implica el análisis y la segunda, la síntesis, utilizándose el hemisferio izquierdo y derecho del cerebro, respectivamente. En efecto, estamos frente a una nueva sensibilidad y a una nueva percepción sensitiva que logra que lo visual y lo auditivo se unan indisolublemente haciendo que el lenguaje sea una alquimia de sonido, palabra e imagen, traduciéndose en que este lenguaje emergente, lenguaje audiovisual, no es lineal, sino global u holístico. Por lo tanto, podríamos declarar que el hombre actual es parte del mundo audiovisual en el que, paradójicamente, se lucha contra éste atacando las innovaciones comunicativas que han permitido una mayor difusión del desarrollo tecnológico-cultural dentro de la sociedad.

 

Ahora bien, el niño, el adolescente, el joven hoy se encuentran entre dos mundos: el de la escuela y el de la televisión, ésta considerada como una enemiga para muchos docentes que sienten la necesidad de buscar métodos que limiten y ataquen los posibles efectos que pueda provocar este medio de comunicación en los estudiantes. Así surge una contradicción cultural, puesto que aún hay profesores que prefieren continuar con un sistema de enseñanza antiguo excluyendo la posibilidad de emplear el código que permite mantener a la sociedad interconectada. En vez de ser el colegio un puente entre las dos culturas, facilitando el diálogo y la crítica entre ambas, provoca indecisión y angustia, llevando a ambos actantes (educadores y educandos) a una pugna de seudos intereses personales, que en realidad no son otra cosa que el emergente mundo audiovisual. En definitiva, en vez de dedicar tiempo en formar buenos telespectadores se insiste en adoptar actitudes agresivas respecto de la televisión: o se educa como si este medio masivo no existiese o como si fuese absolutamente inofensivo y no necesitase preparación alguna para enfrentarse a ella. Joan Ferrés (1994) plantea que la escuela debería adoptar un punto de vista estéreo -analogía respecto del sonido estéreo que, a diferencia del mono (unidireccional), envuelve- para que compatibilice ambos hemisferios del cerebro, a través de la comunicación. Este tipo de educación convertiría al establecimiento en un centro de aprendizaje y no sólo de enseñanza, un centro preocupado de proporcionar experiencias al alumno, con el fin de que elabore su propio proyecto de personalidad integrando sus facultades físicas y psíquicas.

 

Así, entonces, partiendo por la televisión -por ser ésta el primer medio audiovisual masificado-, cabe mencionar que ésta merece ser aceptada positivamente por la comunidad pedagógica, en cuanto a que no sólo se puede aprender con ella, sino también de ella. Para esto se debe considerar que la escuela no sólo se ocupa de transmitir conocimientos, sino también de evidenciar el conocimiento que los alumnos ya poseen gracias a los procesos de comunicación expuestos cotidianamente en la pantalla chica. No se debe desconocer que los estudiantes dedican gran parte de su tiempo a la televisión, por lo tanto lo relevante es lograr que este medio se convierta en un móvil de aprendizaje significativo para ellos. Como afirma Ferrés en uno de sus artículos, la televisión pide un espacio en el aula. Para esto, en primer lugar, es necesario que los profesores comprendan que la televisión no sólo educa a través de programas informativos y culturales, sino que entrega una amplia gama de posibilidades, desde los avisos publicitarios hasta los programas de contenido más ligero; es imperante que los docentes se adecuen a la estructura audiovisual, a la cultura mosaico elaborada sobre la base de fragmentos que el espectador debe aprender a compaginar y ordenar en su mente. Así, en la sala de clases se pueden usar imágenes o trozos de película, anuncios publicitarios, noticias aisladas de los informativos de prensa, pedazos de programas de farándula, entre otros, todos ellos previamente seleccionados, contextualizados y direccionados por el profesor para dar coherencia y sentido de acuerdo a los objetivos de enseñanza-aprendizaje. Ahora bien, todo lo anterior se justifica si cumple su función didáctica: ser informativa y/o motivadora. Así, por ejemplo, en Lenguaje y Comunicación, los programas pueden servir para estudiar aspectos gramaticales, léxicos y pragmáticos, además de la comunicación no verbal y elementos paraverbales. De los spots publicitarios, en tanto, se pueden estudiar aspectos comunicativos como la persuasión, la connotación, etc. En otras áreas, se podría abordar el análisis del medio ambiente, de climas, de ecosistemas, de contextos sociales o culturales. Por otro lado, el uso de imágenes televisivas puede proporcionar al profesor la oportunidad de evaluar los conocimientos de los alumnos, por ejemplo, confrontando fragmentos de películas de cierto periodo histórico con alguna obra literaria apropiada y pidiendo la elaboración de una investigación al respecto.

 

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