Poesía chilena: no todos pueden darse el lujo de cumplir 90 años

noviembre 12, 2007

Durante este año se celebran los 90 años del natalicio de Gonzalo Rojas, poeta chileno que ha obtenido -entre sus últimos galardones- el Premio Cervantes. La poesía de Rojas es muy rica en temas, entre los que están el erotismo, el amor, la mujer, la existencia, la divinidad… En Chile ha habido varias actividades en torno a su persona, algunas en el marco de la Feria Internacional del Libro de Santiago, junto a una exposición. Asimismo, ha sido rescatada su figura literaria en las aulas. Hago un poco más de esto mismo con un material que esperaba utilizar para alguna clase y no pude. Una presentación de uno de sus poemas recitado por el mismo; junto a imágenes para ilustrarlo. Espero que guste. El material está ideado para motivar el gusto por la poesía en los alumnos de educación media.

Adjunto el texto:

Enigma de la deseosa

Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto
de 32, exige lectura
de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma,
b) toda su piel liviana
para los besos, c) mirada
verde para desafiar el infortunio
de las tormentas;
no va a las casas
ni tiene teléfono, acepta
imantación por pensamiento. No es Venus;
tiene la voracidad de Venus.

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Compartir un texto: “Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj”

septiembre 11, 2007

pragareloj.jpg 

Cortázar siempre me saca de apuros, es la verdad. Me refiero a que en muchas ocasiones en las que busco un texto para que los alumnos lean y les llame la atención, recurro a Julio Cortázar; y resulta (no significa que sea al único a cuyos textos echo mano) porque los chicos y las chicas comentan los textos con entusiasmo y me preguntan sobre el autor para saber más. Comparto, no sólo en las aulas, sino en este espacio (única excusala de una entrada nueva) “Preámbulo a las instrucciones para dar curda al reloj”, de Julio Cortázar

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj             Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan –no lo saben, lo terrible es que no lo saben–, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú res el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.